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Bcn-it ( Barcellona)

BCN-IT.COM
Rivista virtuale e multimediale.
Pagina web di servizi e informazioni su Barcellona
e la Catalogna in italiano, catalano e castigliano.
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Que es

Revista multimedia contemporánea en estilo italiano de Barcelona,

que quiere revelar al público local e internacional las tendencias culturales de Barcelona con una particular atención por la evolución de las costumbres y del lenguaje.
Al mismo tempo bcn-it se propone como punto de encuentro para los italianos y los italianófilos, para los enamorados de Barcelona y de Cataluña, para todo tipo de persona o institución interesada en la cultura mediterranea y latina.


Come si fa
La gestione contemporanea di svariate collaborazioni editoriali provenienti da località a volte lontane da Barcellona, unita alla complessità della comunicazione multimedia, multipiattaforma e multilingua, ha comportato la necessità di creare una redazione facilmente raggiungibile e gestibile da chiunque, ovunque si trovi.
È stata così realizzata una piattaforma informatica, raggiungibile via Internet, dotata delle seguenti caratteristiche:

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Creación del portal:

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Agradecimientos:

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me saca granos
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1C1A
Sushi Kato

Sushi Kato

 

Titulos presentados en la revista:
(titoli presentati nella rivista)

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(titolo)
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(testo)
Sobre los vecinos y la políticas municipales    Steven Forti  2010-06-09  cultura  costumi  In questi ultimi trent?anni le asociaciones vecinales, a cui abbiamo dedicato un dossier poco tempo fa, hanno perso quel carattere rivendicativo democratico e progressista che le aveva caratterizzate negli anni Settanta. In questi tre decenni anche la città di Barcellona è cambiata notevolmente, trasformandosi nel bene e nel male e diventando la meta turistica più sponsorizzata d?Europa. In questo articolo, che uscirà anche nel nono numero di ?Atlántica XXII. Revista asturiana de información y pensamiento?, Steven Forti riflette sul mito di Barcellona e sulla stretta relazione tra le politiche di riforma urbanistica volute ed applicate dal Comune, la chiusura di molti storici locali della vita culturale della capitale catalana e le proteste per il degrado cittadino degli abitanti del centro storico. Un punto di vista che può essere un interessante contrappunto alle celebrazioni di Barcellona capitale della cultura e dei festival.


Sobre Vecinos y Políticas Municipales
O sobre cómo se pudo transformar un movimiento reivindicativo y una ciudad en un cuarto de siglo

di Steven Forti

Del movimiento vecinal y todas las batallas que las asociaciones de vecinos libraron entre los años sesenta y los ochenta se había dejado de hablar ya hace un tiempo. Las reivindicaciones por unos barrios más dignos y más humanos, las protestas y las propuestas (desde abajo) para una sociedad realmente democrática habían pasado pronto al olvido generalizado. Sin duda un destino compartido por muchos otros movimientos sociales que actuaron en la transición a la democracia, pero que parece extraño teniendo en cuenta el papel de protagonista jugado por el movimiento vecinal en los setenta. Hoy en día, ¿qué ha sido de todo esto? Y, sobre todo, ¿en qué se ha transformado aquel movimiento que arrancaba mejoras a los poderes?
Efectivamente no faltan reivindicaciones de asociaciones vecinales y protestas a favor de un ?barrio digno?. Pero algo ha cambiado. Y algo que no es secundario, más bien central. Lo que sobresale es como ha cambiado el concepto mismo de la palabra vecino en estas décadas, tanto que ahora se podría hablar de vecinocracia. El término es conscientemente provocativo. Y la cuestión mucho más compleja de lo que podría parecer. El caso de Barcelona resulta ejemplar y permite formular unas reflexiones generales que pueden ser válidas ?con las necesarias puntualizaciones- para toda España.
Durante los setenta, en la capital catalana existieron unas asociaciones vecinales de las más activas en todo el Estado y que consiguieron unas victorias impensables unos años antes. Hoy en día, aunque no falten en barrios periféricos, como Nou Barris, asociaciones de vecinos que siguen luchando por un barrio realmente habitable y humano, la situación es muy diferente. En el centro, las decenas y decenas de pancartas que piden un ?barri digne? tienen una significación totalmente distinta. Las quejas de los vecinos van referidas sobre todo al ruido, las drogas, la prostitución y los llamados ahora actos incívicos (orinar, escupir, vomitar en la calle, etc.). En las ventanas y en las terrazas de los edificios del Gótico, del Raval, del Born o de Gracia se puede leer ?Traficantes, drogas, ladrones, lateros, meadas. Hereu, ven a vivir aquí! Estamos abandonados! Exigimos soluciones ya!!?. O, ?Ayuntamiento, el Raval no aguanta más!?
La cuestión no se reduce solamente a los gritos y las meadas de los fiesteros, ni a las prostitutas del Raval o los lateros de las Ramblas. Si damos crédito a estas voces, Barcelona se parece mucho más a la Los Angeles dibujada por John Carpenter en 2013. Escape de L.A. que a la ciudad mitificada como capital de la cultura, los masters y la dolce vita del siglo XXI. La clave de interpretación tiene que ser otra y debe tener en cuenta las políticas urbanísticas municipales. De hecho, en la opinión pública el ?vecino? ha dejado de ser un ?pequeño revolucionario? y se ha vuelto mucho más conservador. Muchas de las protestas ya no son colectivas, como los proyectos para una sociedad más democrática de las asociaciones vecinales de los setenta, sino individuales, un síntoma más de la sociedad occidental actual que ha creado el culto de la persona y ha enterrado la época de los ?colectivos?. El vecino se ha vuelto intocable, casi sagrado y dispone de un poder de contratación impensable hace treinta años. Un poder, de todas maneras, ambiguo y velado. Es evidente que, en esta cuestión, los Ayuntamientos juegan un papel protagonista, manipulando las protestas de las asociaciones vecinales y utilizándolas para sus propios objetivos urbanísticos y sociales.
Desde mediados de los ochenta, con la alcaldía de Pascual Maragall y las grandes reformas urbanística ejecutadas para la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992, Barcelona empezó un camino del cual se conoce ya la próxima probable etapa: las Olimpíadas de invierno de 2022. En los últimos veinticinco años el Gótico y el Born han sido remodelados, el Barrio Chino se ha transformado en el Raval: Barcelona ha dejado de dar las espaldas al mar con la rehabilitación del Port Vell, la construcción del Port Olimpic y las playas de la Barceloneta. La reforma de la Diagonal y las Rondas serán el paso siguiente, conjuntamente con la reconquista de dos barrios céntricos y todavía populares: la Barceloneta y el Raval. El antiguo barrio de pescadores está siendo remodelado poco a poco a través de una práctica de mobbing de los viejos habitantes del barrio y la construcción de grandes hoteles, como el lujoso Hotel Vela. El mítico Barrio Chino está viviendo una ofensiva urbanística y moralista sin precedentes empezada con la construcción de la Rambla del Raval y la demolición de viejos edificios reemplazados con nuevos pisos, como el documental En construcciò mostró estupendamente, y continuada con la inauguración del Hotel Barcelò. Todo esto en el medio de una serie de scoop periodísticos, encabezados por La Vanguardia, sobre la presencia de drogas y prostitución en las calles de lo que siempre se había llamado, no por casualidad, barrio chino.
Barcelona es ya un modelo urbanístico estudiado en las universidades, y dentro de no mucho pasará a ser la ciudad perfecta por antonomasia. Pero nada que ver con la Ciudad del Sol de Tommaso Campanella o con la isla de Utopía de Tomás Moro, más bien una extraña mezcla entre una ciudad ideal del Renacimiento y una ciudad estadounidense de los sesenta: la Marca Barcelona hecha para uso y consumo del turismo de cortas o largas estancias. Así que los huecos negros desaparecerán paulatinamente y todo lo incontrolado será controlado. Los barrios populares dejarán espacio a pisos de vanguardia y hoteles minimalistas para los nuevos bárbaros en busca de sol, mar y fiesta, los viejos bares de música en vivo se transformarán en clubes y discotecas, las universidades libres, los centros sociales y las casas ocupas en escuelas privadas para master del nuevo espacio de estudios europeos.
Una práctica que en el último lustro se ha hecho realidad. Después de la aprobación de la Ley Cívica en 2006, el Ayuntamiento barcelonés ha ido actuando cada vez con más contundencia. Y no solamente en contra de lateros, manteros, camellos y prostitutas. En estos primeros meses de 2010 la acción policial y municipal ha tocado todavía más bares, locales y asociaciones culturales. ¿Será la necesidad de actuar las normativas europeas? O, ¿la consueta captatio benevolentiae del electorado en campaña electoral?
El punto es que después del cierre de la mítica sala Paloma en 2007, el elenco de los muertos y los heridos de la vida cultural barcelonesa ha ido aumentando. El ayuntamiento está actuando en diferentes niveles: con la prohibición de la música en vivo, el aumento del coste de las licencias o directamente con el cierre de locales o el desalojo de casas ocupas. El mítico Cangrejo, donde Carmen de Mairena animaba cabaret de drag queen y travestis, tuvo que cerrar y pudo abrir sólo después de unas reformas que lo han desnaturalizado. El London Bar tuvo que dejar de hacer música en vivo después de casi un siglo de conciertos. Magdalenes y la Universitat Lliure La Rimaia fueron desalojados después de casi un año de actividades, con, entre otros, clases de catalán y castellano para inmigrantes.
Pero, el caso más sintomático es el del Bar Pastis, el histórico bistrot del Barrio Chino, fundado a mediados de los cuarenta. Uno de los pocos bares donde cada noche hay música en vivo, desde la chanson française a los boleros. Como nos cuenta Ángel de la Villa, que gestiona el Pastis desde hace más de treinta años, en 2008 el Ayuntamiento decidió cerrar el bar por las quejas de los vecinos. Fue sólo gracias a una verdadera movilización de artistas y amigos y al concierto Salvem el Pastis -con, entre otros, Paco Ibáñez y Joan Isaac- que pudo abrir otra vez sus puertas. El riesgo de un cierre es siempre presente, pero el Pastis sigue resistiendo. Entre un Ricard y una caña, Ángel nos cuenta anécdotas de este pequeño trozo de Paris al lado de las Ramblas y nos sumerge en recuerdos con Javier Krahe y Quim Monzò, Joaquín Sabina y el fadista portugués Carlo do Carmo, que una noche le comentó: ?Me han dicho que quieren cerrar este sitio. Pero, ¿cuándo van a acabar con este silencio??
El pesimismo reina soberano, pero la esperanza sigue viva. Quizás un día no demasiado lejano los vecinos vuelvan a ser los de antes y sean todos como los del Cabanyal de Valencia. Quizás un día no demasiado lejano todos los bares sean como el Pastis y todos los gestores tengan el humor de Ángel que nos despide con una frase de Carmen de Mairena colgada en la puerta: ?Nos quieren hundir, pero somos de corcho y flotamos?.